Literature: Sabor a Pólvora en los Labios

Entrenar para dejar de ser humano… estar dispuesto y listo para morir.

En algún punto del plan algo falló, estoy vivo. Me empaquetan y me embarcan de regreso, la mercancía ha caducado.

Las paredes a mi alrededor me acechan, la realidad es aún más insoportable que mis pesadillas, me retuerzo en el suelo, no puedo respirar, mi vista se nubla, el pánico ha regresado, el pánico nunca se ha ido.

Entrenar para dejar de ser humano, para convertirme en una máquina dispensadora de muerte, arriesgar mis miembros y mis extremidades, conocer al que sería mi gran amigo y verlo quemarse hasta morir antes de poder tomar una cerveza, el olor de su carne, la intensidad de sus gritos. Entrenar para verlo morir sin intentar salvarlo porque sé que no puedo hacer nada, ya todo está perdido, estar programado para moverme y seguir mi camino, de lo contrario serán mis intestinos la última imagen que vean mis hermanos.

Los sonidos de éste vecindario me apabullan, me dificultan la respiración, la vida, sólo el cuchillo de la cocina penetrando mi piel me conforta y me alivia, pero en algún punto del plan algo falló, sigo vivo.

Corro en busca de ayuda, superiores jerarcas que examinen la mercancía, revisan ingredientes y contenido, toman mi sangre y mi orina, llego en busca de mi alma, me recetan el soma sublingual.

Lo tomo en busca de una salida, mis neurotransmisores y mi química cerebral juegan en el torbellino de fantasía, entre luz y oscuridad, sólo quiere dejar de sentir…me duermo.

Cuando despierto me doy cuenta de que no he comido, en un tiempo, por alguna razón olvido comer, no me parece importante.

Hay sangre en el lavabo, el apartamento es demasiado ruidoso, las paredes se cierran, los recuerdos me persiguen, me tocan, me desgarran, quiero salir de aquí.

Gracias por tu servicio, no eres calificable, no puedes mudarte a un nuevo apartamento, no te amo, no estoy vivo, debiste haber muerto, lo que has hecho es terrible, tienes una orden para comparecer en la corte, necesitas un abogado criminal, gracias por tu servicio.

Escucho las voces y no puedo escapar de ellas, esta noche lo pasaré en el bosque, ahí me siento seguro, sé exactamente qué hacer, es silencioso.

Pasa la noche y al día siguiente regreso al bullicio, a la prisión psicótica, no entiendo nada, entro en mi apartamento, los platos sucios, intento lavarlos,  no sé lavar los platos, no puedo lavar los platos, ¡me importa un carajo lavar los platos!

Necesito ayuda, el centro médico de mis superiores jerarcas me examina, la mercancía está caduca, llegando al punto de descomposición, me envían un sobre que contiene una carta, así me entero de que soy deficiente, porcentajes cifras y números que delimitan mi sociopatía. Fui en busca de mi alma, aumentaron mi dosis de soma.

Tengo 26 años y no sé ser normal, ya estoy retirado, obtuve honores y medallas, preseas por mi valor y mi coraje. No puedo lavar los platos. No encuentro motivación alguna, no sé por qué estoy vivo.

Soy un héroe anónimo por 10 segundos en la conversación de unos extraños, soy un tipo invisible en el concreto de suburbio, soy una munición que se ha quemado, un cartucho vacío que nadie sabe dónde tirar a la basura y que algunos quieren conservar como souvenir para presumirlo el 4 de Julio.

Soy un Marine, soy un chico que no quería regresar vivo a casa, soy un desadaptado.

 “I wrote this after seeing the Pulitzer winner Photo Essay by Craig F. Walker, published @TheDenverPost, I had always wondered, what the life of soldires is like once they retire at the beginning of their lives, and this Essay struck me really hard, so I had to write about it.” -K 

See the Craig F. Walker’s Award winning Photo Essay:

Welcome Home, the story of Scott Ostrom by Craig F. Walker

2 comments

  1. Hola, tu artículo es bastante bueno, la forma de narrar el conflicto social y mental con respecto a aquellos hombres que entregan su vida a las fuerzas armadas, me ha agradado. A primera instancia todo parece estar bien, cuando regresan del campo de batalla; la faramalla y conmemoraciones colocan una tela de mentira sobre veteranos, y al final son olvidados, como dices, la mercancía a caducado.
    Abordando la forma de narrar, la encuentro muy atractiva y fluida, me gusta como proyectas los detalles y haces comparaciones de hechos sociales con situaciones diarias, como el ejemplo de la “mercancía caducada” o “Los sonidos de éste vecindario me apabullan…” etc. Muchas felicidades, sigue así, ahora sigo tu blog; espero verte pronto y felicitarte en persona.

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