What’s left of another year

Christmas time, it’s foggy and misty outside and I feel that it is my duty as a writer to be inspired by the season and write something meaningful while I sip from a cup of hot chocolate in front of me.

However what I want to say is nothing new or christmasy. I just want to take a couple of minutes to share how grateful I am for this precious journey of life, everyday is truly a gift and an opportunity to create a positive impact.

In spite of all the things that are backwards in this world, in spite of this huge need for human beings to kill everything and everyone around them just to feel “superior”, I find the space to be thankful because I know that each day the chance for change is reborn.

I am thankful for the people that choose peace over violence everyday, for the people that look inside themselves to find true happiness instead of hoping to reach it someday, for the people that have opened their eyes and don’t settle for the current model of society a few are selling, I am thankful for all of those who listen to their hearts, spread their wings and fly.

The end of the year brings the countdown and remembrance of accomplishments and the new goals for the year to come, would it be possible to include one action to benefit all other living beings in this long list full of self-satisfying delusions?

Wouldn’t it be great to count down how many lives we served and how we helped to eradicate violence, hate, hunger, war, corruption, abuse, environmental devastation?

This human life is so precious that we have the opportunity to create our own reality and help those who are not in the circumstances to do so.

What if instead of supporting the destroyers of Earth buying all of this things and ideas that we don’t need we used that energy and that money in a practical way to actually change the world?

Walk more, drive less, meditate and treat others with kindness, acknowledge how important and kind others are, treat the world with respect and realize it’s possible to share.

Stop identifying yourself with one religion and one country, understand that we are all human, we are all important and we all want the same thing: love.

All living beings deserve the same freedom and respect as you think you deserve, it’s time to stop the violence towards our planet… we have the power to change the world what number of year are we waiting for to begin?

-K

Literature: Poema de Gabriel Avilés, el Poeta de Cancún

 
Una tarde lluviosa tiene su belleza, un cigarro cuyas fumarolas se congregan alrededor de la perfecta distancia mientras el humo conmemora tu ser, un café donde lo inmaculado se destina a la cafeína con olo salobre.
Abarco tus costas, ellas resplandecen como un cuadro de Chagall a media bahía y en las mías, bruma se adueña del aura con una partitura anegada de silencios y corcheas. 
Garabateo versos para anclar en tus flamas y me plagio canciones de Silvio, “¿Quién fuera el mítico Simbab”, en mi caso, el Perseo cargando al infinito en acuosa transparencia, gota de llovizna cuya rueca se adentra a tus córneas para encallar en eclipses y no quedar en el puerto de los solitarios donde encallo por tanto añorarte.

por: Gabriel Aviles

Literature: Sabor a Pólvora en los Labios

Entrenar para dejar de ser humano… estar dispuesto y listo para morir.

En algún punto del plan algo falló, estoy vivo. Me empaquetan y me embarcan de regreso, la mercancía ha caducado.

Las paredes a mi alrededor me acechan, la realidad es aún más insoportable que mis pesadillas, me retuerzo en el suelo, no puedo respirar, mi vista se nubla, el pánico ha regresado, el pánico nunca se ha ido.

Entrenar para dejar de ser humano, para convertirme en una máquina dispensadora de muerte, arriesgar mis miembros y mis extremidades, conocer al que sería mi gran amigo y verlo quemarse hasta morir antes de poder tomar una cerveza, el olor de su carne, la intensidad de sus gritos. Entrenar para verlo morir sin intentar salvarlo porque sé que no puedo hacer nada, ya todo está perdido, estar programado para moverme y seguir mi camino, de lo contrario serán mis intestinos la última imagen que vean mis hermanos.

Los sonidos de éste vecindario me apabullan, me dificultan la respiración, la vida, sólo el cuchillo de la cocina penetrando mi piel me conforta y me alivia, pero en algún punto del plan algo falló, sigo vivo.

Corro en busca de ayuda, superiores jerarcas que examinen la mercancía, revisan ingredientes y contenido, toman mi sangre y mi orina, llego en busca de mi alma, me recetan el soma sublingual.

Lo tomo en busca de una salida, mis neurotransmisores y mi química cerebral juegan en el torbellino de fantasía, entre luz y oscuridad, sólo quiere dejar de sentir…me duermo.

Cuando despierto me doy cuenta de que no he comido, en un tiempo, por alguna razón olvido comer, no me parece importante.

Hay sangre en el lavabo, el apartamento es demasiado ruidoso, las paredes se cierran, los recuerdos me persiguen, me tocan, me desgarran, quiero salir de aquí.

Gracias por tu servicio, no eres calificable, no puedes mudarte a un nuevo apartamento, no te amo, no estoy vivo, debiste haber muerto, lo que has hecho es terrible, tienes una orden para comparecer en la corte, necesitas un abogado criminal, gracias por tu servicio.

Escucho las voces y no puedo escapar de ellas, esta noche lo pasaré en el bosque, ahí me siento seguro, sé exactamente qué hacer, es silencioso.

Pasa la noche y al día siguiente regreso al bullicio, a la prisión psicótica, no entiendo nada, entro en mi apartamento, los platos sucios, intento lavarlos,  no sé lavar los platos, no puedo lavar los platos, ¡me importa un carajo lavar los platos!

Necesito ayuda, el centro médico de mis superiores jerarcas me examina, la mercancía está caduca, llegando al punto de descomposición, me envían un sobre que contiene una carta, así me entero de que soy deficiente, porcentajes cifras y números que delimitan mi sociopatía. Fui en busca de mi alma, aumentaron mi dosis de soma.

Tengo 26 años y no sé ser normal, ya estoy retirado, obtuve honores y medallas, preseas por mi valor y mi coraje. No puedo lavar los platos. No encuentro motivación alguna, no sé por qué estoy vivo.

Soy un héroe anónimo por 10 segundos en la conversación de unos extraños, soy un tipo invisible en el concreto de suburbio, soy una munición que se ha quemado, un cartucho vacío que nadie sabe dónde tirar a la basura y que algunos quieren conservar como souvenir para presumirlo el 4 de Julio.

Soy un Marine, soy un chico que no quería regresar vivo a casa, soy un desadaptado.

 “I wrote this after seeing the Pulitzer winner Photo Essay by Craig F. Walker, published @TheDenverPost, I had always wondered, what the life of soldires is like once they retire at the beginning of their lives, and this Essay struck me really hard, so I had to write about it.” -K 

See the Craig F. Walker’s Award winning Photo Essay:

Welcome Home, the story of Scott Ostrom by Craig F. Walker